Lo que fui. Lo que soy.
Se va el 2005 y ni un minuto entero le cambio. Me quedo con todo. Me quedo con las lágrimas, también las de ahora; los exámenes olvidados; las llamadas de madrugada; la angustia, que aún se repite; los nudos en el estómago, los feos; la murria, que al fin es una palabra hermosa; las ganas de tirar el curso, que casi me pueden; el 5 de agosto, por poner una fecha; las sonrisas de mentira; el brillar por fuera, en el que me hice experta; las palabras que debería haberme quedado; los enfados, seguro descargados en quien menos lo merecía; las horas perdidas de sueño; las huidas; los vacios, profundos; las monedas de céntimo, con sus deseos no cumplidos; el agotamiento, que se me cansó el alma de tanto sentir; las salsas no bailadas, y esa bachata que echo de menos; el chocolate de emergencia; los momentos estoicos, porque a veces hasta soy valiente; mi cumpleaños, esperado tan diferente.
Compensado con los días de reír porque sí; los nudos en el estómago, los bonitos; el sushi, feliz descubrimiento; los atardeceres rosas, y los dorados; mi gente nueva; mi gente "vieja", mil veces; la cena en la playa, y las comidas; las sonrisas de verdad; la vida perdida de gata de arrabal, aún me quedan cinco; el maquillaje, cuantas veces borrado en la noche; el ron, ¡qué bueno volver a probarlo!; la sensación de libertad nadando desnuda; el cantar por las mañanas, que llueva, que llueva; los tacos, los perritos y el pollo frito de madrugada, otra vez comiendo; los lugares conocidos, algunos tan cerca; las tardes al sol, morenita como me gusta; el salto a la piscina, llena desde hacía mucho; sus risas, también las escritas; las mañanas en las que papá ha estado en casa; las tortitas con nata, en Madrid y con tan buena compañía; la salsa, "con tomate" si es posible porfavor; las fotos, momentos bonitos para siempre; la noche de Hallowen, disfrazada después de tanto tiempo; los picnic improvisados en el parque, definitivamente soy una glotona; los paseos a la orilla del mar, descalza; este ahora en el que creo que no soy yo la que ha perdido.
Tentada he estado, estaré, de despedir el año con una cita prestada: "Adiós 2005. Que te vayan dando mucho por culo". No sería justo.
Te vas 2005 y ni nun minuto entero te cambio porque en cada uno fui lo que soy. Lo que soy.
Compensado con los días de reír porque sí; los nudos en el estómago, los bonitos; el sushi, feliz descubrimiento; los atardeceres rosas, y los dorados; mi gente nueva; mi gente "vieja", mil veces; la cena en la playa, y las comidas; las sonrisas de verdad; la vida perdida de gata de arrabal, aún me quedan cinco; el maquillaje, cuantas veces borrado en la noche; el ron, ¡qué bueno volver a probarlo!; la sensación de libertad nadando desnuda; el cantar por las mañanas, que llueva, que llueva; los tacos, los perritos y el pollo frito de madrugada, otra vez comiendo; los lugares conocidos, algunos tan cerca; las tardes al sol, morenita como me gusta; el salto a la piscina, llena desde hacía mucho; sus risas, también las escritas; las mañanas en las que papá ha estado en casa; las tortitas con nata, en Madrid y con tan buena compañía; la salsa, "con tomate" si es posible porfavor; las fotos, momentos bonitos para siempre; la noche de Hallowen, disfrazada después de tanto tiempo; los picnic improvisados en el parque, definitivamente soy una glotona; los paseos a la orilla del mar, descalza; este ahora en el que creo que no soy yo la que ha perdido.
Tentada he estado, estaré, de despedir el año con una cita prestada: "Adiós 2005. Que te vayan dando mucho por culo". No sería justo.
Te vas 2005 y ni nun minuto entero te cambio porque en cada uno fui lo que soy. Lo que soy.

