En folios amarillos

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Nombre: Odile

sábado, diciembre 31, 2005

Lo que fui. Lo que soy.

Se va el 2005 y ni un minuto entero le cambio. Me quedo con todo. Me quedo con las lágrimas, también las de ahora; los exámenes olvidados; las llamadas de madrugada; la angustia, que aún se repite; los nudos en el estómago, los feos; la murria, que al fin es una palabra hermosa; las ganas de tirar el curso, que casi me pueden; el 5 de agosto, por poner una fecha; las sonrisas de mentira; el brillar por fuera, en el que me hice experta; las palabras que debería haberme quedado; los enfados, seguro descargados en quien menos lo merecía; las horas perdidas de sueño; las huidas; los vacios, profundos; las monedas de céntimo, con sus deseos no cumplidos; el agotamiento, que se me cansó el alma de tanto sentir; las salsas no bailadas, y esa bachata que echo de menos; el chocolate de emergencia; los momentos estoicos, porque a veces hasta soy valiente; mi cumpleaños, esperado tan diferente.
Compensado con los días de reír porque sí; los nudos en el estómago, los bonitos; el sushi, feliz descubrimiento; los atardeceres rosas, y los dorados; mi gente nueva; mi gente "vieja", mil veces; la cena en la playa, y las comidas; las sonrisas de verdad; la vida perdida de gata de arrabal, aún me quedan cinco; el maquillaje, cuantas veces borrado en la noche; el ron, ¡qué bueno volver a probarlo!; la sensación de libertad nadando desnuda; el cantar por las mañanas, que llueva, que llueva; los tacos, los perritos y el pollo frito de madrugada, otra vez comiendo; los lugares conocidos, algunos tan cerca; las tardes al sol, morenita como me gusta; el salto a la piscina, llena desde hacía mucho; sus risas, también las escritas; las mañanas en las que papá ha estado en casa; las tortitas con nata, en Madrid y con tan buena compañía; la salsa, "con tomate" si es posible porfavor; las fotos, momentos bonitos para siempre; la noche de Hallowen, disfrazada después de tanto tiempo; los picnic improvisados en el parque, definitivamente soy una glotona; los paseos a la orilla del mar, descalza; este ahora en el que creo que no soy yo la que ha perdido.
Tentada he estado, estaré, de despedir el año con una cita prestada: "Adiós 2005. Que te vayan dando mucho por culo". No sería justo.
Te vas 2005 y ni nun minuto entero te cambio porque en cada uno fui lo que soy. Lo que soy.

viernes, diciembre 30, 2005

Treinta días

Treinta días sin verle. Y aún está en forma de muñequito ausente o de mensaje "sí enviado" que releo de vez en cuando para convencerme de que sabe que seguía ahí. Aún está, de mil maneras distintas.
Treinta días sin verle. Pocas horas sin pensarle. Me están sobrando muchas letras.

jueves, diciembre 08, 2005

Lo que queda

Se acaban las fuerzas para soportar más daño, se va la ilusión de esperar sin saber. Se me rompe este amor que no toma y que muere a sus pies, en el suelo. Se agota la esperanza que servía de escudo, que me hacía inmune a su cuenta atrás y a ese "ella" que inventó de la nada. Se me terminan las ganas de buscar caminos (las ganas de él no, de esas aún hay) y la fe de encontrarlos.
Quedo yo, muñeca rota. Queda el deseo recuperado de cuidarme, de cuidar a los amigos, de curar las heridas que sola me encargué de abrir. Queda un dolor nuevo, el de este convencimiento de que ya no. Queda la rendición que tengo que aceptar... porque me rindo.
"Dos meses". Hace unas semanas me hubiera aferrado a cualquier fecha de caducidad que alguien se atreviese a ponerle a esto, pero hoy no. El camino de la espera hace días que me parece absurdo; aún puedo con más pero ya no quiero más. Hoy me puede el hastío y me rindo (reina camorrista en franca retirada). Quizá mañana vuelva la locura de retomar la batalla... en cualquier caso, tal como cantó alguien, "lo que tenga que ser, será".