Yo quiero ser princesa guanche en mi islita redonda. Echo de menos ese acento dulzón que camela poquito a poco. Quiero estar en mi ciudad de palmas sin invierno y no puedo. Ni siquiera unos días.
Hoy se ha terminado una historia de dos años... o tres, no recuerdo. Aún no entiendo el por qué real. Tampoco entiendo que no me duela decir adiós a quien fue amigo. Esta noche estaba sola, queriendo a algunos a mi lado que no podían estar. Supongo que en parte ha sido eso lo que me ha llevado a provocar su adiós; uno más no importa... y debería importar. Mucho.
Hace un tiempo, el "hacedor de sonrisas" (últimamente no le dejo que cree ninguna) escribió un cuento para mí. Releerlo esta noche, como la primera vez, me ha hecho sentir alegre... aunque sea de esa forma rara en que a la alegría le acompañan lágrimas.
He roto una promesa que me hice a mí misma hace un tiempo. Siento que no puedo más y sin embargo sé que sí puedo... todos podemos siempre con más. Y eso es horrible.
No me perdonaré haberme enamorado de sus ojos verdes y no le perdonaré no haberme dado la oportunidad de enamorarle. Me queda rencor por el escudo que decidió sacar aquel día en que sintió que las cosas cambiaban para ambos. Y ya nada cambió porque siempre volvió con el miedo dentro y con la defensa bien alta.