Durante dos días y medio tuvimos tres gatos, un apartamento pequeñito y una cama grande para compartir. Llegué a la isla con una sonrisa inmensa y la dejé convencida de que más lágrimas ya no merecen la pena. Después de decirle adiós (de nuevo) tuve la sensación de que nada compensaba el ahogo de verle ir (que raro, la que en realidad partía era yo).
Tres gatos, un apartamento pequeño y una cama grande. Suficiente; todo lo que quiero.