Gullit
Se fue, en silencio. Llegó un 5 de enero, asustado, pequeñito. Mi perro loco, mi perro chico, mi Gullit guapo.
Sentí su corazón parandose bajo mi abrazo. Sus ojos nublados de los últimos días eran tan hermosos como esos inteligentes e interrogantes de todos estos años.
Todavía llego a casa y ahogo las ganas de llamarle aún sabiendo que ya no está.
Murió con todos cerca, bajo un paraguas que le protegía de la lluvia, una manta que le alejaba del frio y muchos ojos llorando frente a él. Se fue escuchandome. "Ya está perro pequeño".
Sentí su corazón parandose bajo mi abrazo. Sus ojos nublados de los últimos días eran tan hermosos como esos inteligentes e interrogantes de todos estos años.
Todavía llego a casa y ahogo las ganas de llamarle aún sabiendo que ya no está.
Murió con todos cerca, bajo un paraguas que le protegía de la lluvia, una manta que le alejaba del frio y muchos ojos llorando frente a él. Se fue escuchandome. "Ya está perro pequeño".

