En folios amarillos

Mi foto
Nombre: Odile

lunes, octubre 03, 2005

3 de octubre

Duele una esperanza muerta aún cuando deseas que la maten. Tuve que preguntarle, casi de forma directa, si me quedaba alguna posibilidad porque necesitaba escuchar ese “no” que también temía. Dijo que ahora está muy bien con ella; con ella, que le queda a más de dos mil kilómetros. Y yo ahí, enfrente, tan lejos de donde quería estar, tan lejos de su boca.
Sólo cuatro o cinco lágrimas en rachas intermitentes. Necesito llorar pero sólo siento ahogo... me estoy ahogando desde que le dije adiós. Y los ojos se humedecen cuando menos lo esperas y el principio de llanto dura sólo nos segundos, tantos como aquel beso.
Me desarmó con su actitud de niño intentando hacer bien las cosas. Y sus ojos sinceros. Y sus manos abiertas. Y ese pedir perdón que yo no necesitaba. No puedo estar enfadada, me ha desarmado con ese “yo soy así” que ni siquiera entiendo. ¿Cómo me voy a perdonar el no haber aceptado cuanto me gustaba?
Se quedan preguntas sin respuesta y ya no me importa. Voy a darle vueltas a algunas cosas pero sé que ninguna hubiera cambiado la situación. No quiero pensar dentro de dos días que decir o hacer algo distinto me hubiese llevado a otro sitio. Nada variaría el sitio donde estoy.
“Mi niño”. No puede evitar decirlo, no quise... es lo más sincero que le dije nunca. No me importa si no ha entendido cuantas cosas encerraban esas dos palabras. Ahora el recuerdo físico es el de este último abrazo; es un mejor recuerdo que aquel de mi boca rechazando la suya sólo por miedo.
No quiero preguntarme cuánto tiempo va a tardar en irse. No voy a presionarme. No voy a intentar que pase ya. Está ahí, voy a seguir viéndole y espero que eso ayude... jamás hubiera imaginado que tener a alguien cerca pueda ayudar a olvidar.
Quiero convivir con el saludo en forma de dos besos en la mejilla, con su sonrisa. Quiero bailar con él y sentirme como ayer, pensar que quizás a él también le gusta compartir una salsa conmigo. No sé cuando podré bailar tan cerca de él como para sentir sus brazos rodeándome; sé que ahora no puede ser, sé que aún no podría soportar el saber que para él sólo es un baile mientras que yo quiero más. Ya nunca podré decirle cuanto me gustaba tenerle así.
Apagón. Su sonrisa tan cerca cuando le dije que necesitaba hablar con él. No puedo saber si le sorprendió lo que dije; no le conozco. ¿Cuántos minutos solos? Y sólo pienso en si estaba guapa mientras me miraba.
El sol está ahí. Es absurdo que hoy haya salido. Me refiero a que es absurdo que el mundo siga girando ajeno a las vidas de los que estamos en él. Se rompe mi alma y creo que eso no importa en un escenario donde soy menos que una brizna de paja en una inmensa era. Pero es perfecto este invento del sol saliendo y poniéndose sin descanso porque el paso del tiempo sana las heridas, el paso del tiempo todo lo convierte, todo lo puede.

“...no digas que fue un sueño, no albergues tan vanas esperanzas...”

“...y di tu adiós a esa Alejandría que pierdes para siempre...”

A ti

Hace años que te escribo en folios amarillos. A ellos volveré cuando sólo hable de nosotros. Mientras tanto te seguiré contando mi mundo desde aquí, porque hay cosas que también necesito compartir con otros.
Para terminar este comienzo tengo que robarle unas letras a “La hija de abril” porque yo no encuentro palabras mejores para dedicarte este blog.

Para ti...
que ni siquiera tu nombre
escribo en un papel,
temo, temiera o temiese
que al dibujar las curvas
de tu ausencia
el espejo del agua
me inundara con su llanto.