La extraña sólo actúa, sin pensar, sin motivos o razones. La extraña ha abandonado dos trabajos en la última quincena simplemente porque tenía que hacerlo.
Aquel otro trabajo no era para mí, pero este sí. Sin embargo ahí estoy yo, abandonando manejada por esa otra que se niega cada oportunidad.
Los vientos son favorables, pero la extraña arria las velas y no me deja moverme.
Ahora lloro sin nervios... ya nunca estoy nerviosa porque ella me anestesió los sentidos hace tiempo. LLoro impotente ante ella pero ni siquiera me siento mal por haber vuelto a obedecer.
No tengo fuerzas para recuperarme así que me rindo a la poderosa que hoy gobierna.